Tengo ganas de llorar. Tengo ganas de gritarle al mundo que ya estoy cansada de el y de sus putos obstáculos.
El fracaso es el peor sabor que sentí. Le tengo pánico, terror, el fracaso es lo único que no me gusta permitirme y sin embargo es lo único que surge de mi. Realizar un esfuerzo para lograr una meta y nunca llegar. Desear tanto algo que se hace inalcanzable. Anhelar demasiado se hace imposible.
¿Estaré en el camino equivocado? No lo se. Siento angustia, dolor, pena, miedo. Si mi crisis de personalidad se iba resolviendo de a poco, estos momentos me hacen pensar que realmente estoy tan perdida como al comienzo. Que los senderos que tomo no son los indicados. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo pensar?.
Tal vez no haya un lugar para mi en este mundo. Tal vez quiera acomodarme donde no me corresponda. Tal vez mi mente sirve para otras cosas más livianas y mundanas. Tal vez soy mucho menos de lo que creo que soy. Mi seguridad no sirve de nada, sólo me crea falsas expectativas.
Sin rumbo, esa es la frase que me identifica.
escuche repetirse simultáneamente. Observé cada pieza nueva adquirida con cara de ¡Que interesante!, cuando en realidad lo único que podía pensar era: que miedo que esa cosa te la metan en la boca!!!! (sin malas interpretaciones por favor).
Mi mejor amigo terminó la carrera. Luego de muchos desvelos, nervios, ansias, nerviosismo, angustía, broncas y alegrias finalmente se recibió. Me parece que fue tan rápido, demasiado rápido, fue un alumno ejemplar, eso lo sabemos todos. Pero parece que fue ayer cuando luchaba con contabilidad en el colegio, y más reciente aun cuando peleaba en el fuckin CBC. Y ahora… ya está… tiene el título en su mano.