Nuestras abuelas y las suyas fueron madres a temprana edad. Nuestras madres fueron madres casi cerca de los treinta. En la actualidad, las madres son la mayoría niñas o mujeres entradas en años. Se ha logrado una combinación de épocas pasadas.
En la antiguedad los hombres eran sólo proveedores, no sólo de esperma (absolutamente necesario para una vida) sino también económicamente. Nuestros padres fueron sostén emocional, pólitico, ideológico y psicológico.
Los tiempos que corren son duros, difíciles, arduos. La familia se ha vuelto una raza en extinción que se ve vapuleada día a día por fuerzas malignas que pretenden se desintegre. Realmente la crisis social llega a todos los aspectos, y la familia no es excepción.
La post-modernidad nos ha dejado muchas cosas, y entre ellas: la falta de compromiso. Los hombres de hoy, son los niños de hoy y los de mañana. No desean crecer. Ansian que mamá les cocine, planche, cuide por los siglos de los siglos.
No se si el pánico los paraliza, o si las responsabilidad los inunda de preguntas. No quieren hacerse cargo. Creen que los hijos vienen al mundo por obra y arte del espíritu santo, pero no quieren dejar de disfrutar del arte del amor. ¿Qué les está pasando? ¿Qué nos pasa a las mujeres que tomamos la decisión equivocada a la hora de elegir un padre?
Entre todos vamos perdiendo el rito de la familia, se pierden los vinculos, las valores, las cosas escenciales. Es responsabilidad cultural e individual.
¿Donde quedó el jugar a la mamá y al papá deseando que algún día se convierta en realidad?